Existe el no aprendizaje y es posible aprender a aprender.

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Recientemente compartí un post sobre el aprendizaje, que en sí mismo guarda un sinnúmero de definiciones, conceptos, acepciones… Es un tema amplio y supremamente interesante, no sólo desde las ciencias médicas, la psicología, la evolución, la sociología y la antropología, sino también desde un enfoque que he venido estudiando recientemente que me encanta por lo claro, lo aplicable a cualquier situación de la vida y porque su comprensión, dedicando mucha atención y buena comprensión de lectura, está al alcance de cualquiera que se proponga entenderlo. Estoy haciendo alusión al Pensamiento Sistémico, una manera de entender el mundo, las ideas y el comportamiento propio y de las personas con las que nos relacionamos, con la particularidad de que se basa no sólo en la lógica (en quien no siempre debemos confiar, más aún cuando el comportamiento humano está determinado casi en su totalidad por actividad inconsciente, intenciones y emociones, antes que por la lógica), sino también en la observación detallada de cada uno de los actores de la situación a analizar (integrantes del sistema) y toma a la vez el conocimiento de otros saberes afines, lo que permite entender y analizar cualquier situación de la vida de una manera práctica, en ocasiones predecible y lo mejor, brinda estrategias y soluciones para manejar aquello que no entendemos, que queremos cambiar o que nos causa problemas.

Explicado lo anterior, en esta oportunidad quiero revisar los tipos de aprendizaje desde el Pensamiento Sistémico, aclarando que a pesar de ser una visión sencilla y clara, no es en ningún momento reduccionista ni pretende omitir aspectos relevantes de la neurobiología, sino una propuesta práctica para rápidamente aplicarlo a la vida y entender por qué a veces no aprendemos y saber que podemos aprender a aprender.

Luego de esta introducción, comencemos. En el pensamiento sistémico el aprendizaje se clasifica en tres grandes tipos: el no aprendizaje, el aprendizaje simple y el aprendizaje generativo. Vamos a revisar cada uno de ellos.

No aprendizaje: Es la repetición de una misma acción sin tener en cuenta el resultado, sin prestar atención a la experiencia, a los errores y a las consecuencias. Por ejemplo, los malos hábitos, guiones o patrones de comportamientos específicos como elección de distintas parejas con características similares que terminan haciendo daño, toma de decisiones con las mismas malas consecuencias o trabajos que terminamos odiando (lo que el psicoanálisis denomina compulsión a la repetición, que aplica también para otros aspectos). En este tipo de aprendizaje, podemos encontrar aquella frase común de “todos los hombres o todas las mujeres son iguales”: en realidad eso no es posible, primero porque nadie nunca conocerá a todos los hombres o a todas las mujeres sobre la faz de la tierra para aseverar tal sentencia, además injusta, sino también porque lo que en realidad lo que es igual, lo que se repite, es el error: estás eligiendo personas con características similares que en el pasado no te han funcionado como pareja, te han hecho daño o te han fallado y pretendes, inútilmente, alcanzar la victoria de lograr una vida de pareja deseada, enmendando la derrota con el anterior al invitar a tu vida al siguiente. Ese, es un aprendizaje que no sirve, es no aprendizaje. Y este tipo de conductas se repiten con tipos de trabajo, amistades, estrategias en las organizaciones, de educación, de ejecución de proyectos: si algo falló una vez, es comprensible, habría que hacer cambios, si se repite, es algo para revisar, pueden haber nuevas variables, si se presenta una tercera vez, lo más probable es que sea un patrón, por lo que habría que cambiarlo y no quedarse con el consuelo de que es sólo mala suerte. Lo que se ha demostrado que no sirve, no hay que repetirlo, no vale la pena perder el tiempo en estrategias condenadas al fracaso.

Aprendizaje simple: Es prestar atención a la realimentación (en pensamiento sistémico es la reacción de un sistema –que podemos ser nosotros-, que actúa después como estímulo para sí mismo, o información devuelta que influye en un paso ulterior) y cambiar nuestros actos en función de los resultados obtenidos. Tanto las opciones como las acciones que se emprenden con este aprendizaje, vienen dadas por los modelos mentales propios (los sistemas de creencias bajo los cuales funcionamos), que permanecen intactos. Ejemplos de este tipo de aprendizaje son el ensayo y error, aprendizajes rutinarios, adquisición de una habilidad concreta. Cuando decidimos aprender a conducir, a utilizar un nuevo aparato tecnológico, una receta de cocina, aprender un nuevo idioma, el ejercicio constante y la práctica son los que nos permiten consolidar el aprendizaje y podemos llegar a ejecutarlo bastante bien.

Aprendizaje generativo: Aquí la realimentación influye en los modelos mentales que hemos aplicado en una situación dada y los transforma. De este modo, surgen nuevas estrategias y nuevos tipos de acciones y experiencias que no habrían sido posibles con anterioridad. Ejemplos de este tipo de aprendizaje son aprender a aprender, cuestionar las propias suposiciones, ver una misma situación de manera diferente. Desde luego este es el tipo de aprendizaje más llamativo, sin querer decir que los anteriores no sean importantes, pero sin duda el aprendizaje generativo, como su nombre lo dice, nos abre un mundo de nuevas posibilidades, de cambios y de transformación, en especial porque nos permite entender por qué hacemos lo que hacemos, por qué pensamos lo que pensamos y cómo podemos modificar aquello que no nos deja avanzar o que nos causa malestar. En términos psicodinámicos, este tipo de aprendizaje haría parte de lo que se llama introspección, el mirar hacia dentro, el darse cuenta, pues es así como cuestionamos nuestra conducta y logramos ver y sobre todo cambiar, aquello que nos ha causado malestar o sufrimiento, logrando mayor tranquilidad. Es importante aclarar que una cosa es darse cuenta del problema, pero lo verdaderamente importante del aprendizaje generativo, es hacer todo lo necesario para obtener el cambio anhelado después de todo un proceso de comprensión, entendimiento, autoevaluación y revisión de aquello que perpetúa al problema (dejar ese trabajo, alejarse de esa persona, dejar ese hábito, comer de manera saludable, romper ese patrón, tomar esa decisión, irse de ese lugar… lo que sea, tú sabes muy bien qué es lo que te incomoda, y la incomodidad debe ser suficiente para movilizarte hacia tu bienestar).

Esta me ha parecido una manera bien interesante de ver la vida, analizar lo que nos pasa, revisar nuestras decisiones, las de los demás, sus comportamientos y el nuestro, facilitando al menos la toma de decisiones y sobre todo, la obtención de nuevas ideas y estrategias para vivir mejor. Con lo que no obtengas buenos resultados, no te demores.

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